Investigadores del Cuerpo Académico de Bioquímica de Alimentos desarrollaron unas gomitas de verduras y un chicharrón de soya rico en proteínas

 

BUAP. 4 de abril de 2016.- Para contribuir en la disminución de los índices de obesidad entre la población, investigadores del Cuerpo Académico de Bioquímica de Alimentos, de la Facultad de Ciencias Químicas (FCQ) de la BUAP, elaboran una serie de alimentos que no contienen azúcar, ni harina comercial, y de esta forma cuidar la salud de los consumidores.

“Ante la poca existencia de productos comerciales saludables para niños, nos dimos a la tarea de diseñar unas gomitas que están hechas del extracto de verduras: betabel, pepino y zanahoria. Para incluir fibra dietética en la elaboración del alimento, incorporamos inulina, un carbohidrato obtenido de la planta de agave, que al ingerirlo tiene muchos efectos positivos en la salud”, explicó Addí Rhode Navarro Cruz, profesora investigadora de la FCQ.

Tras precisar que la idea es que los infantes se acostumbren al sabor de las verduras por medio de una golosina, señaló que “a diferencia de otros productos similares, nosotros eliminamos totalmente el azúcar y en su lugar probamos dos tipos de edulcorantes: la sucralosa y Stevia rebaudiana, que mezclamos junto con polisacáridos hasta conseguir que la consistencia fuera similar a la de las gomitas comerciales, con la diferencia que las nuestras no son pegajosas, por lo que no existe la necesidad de echarles azúcar en la superficie. Además, son suaves y firmes a la vez”.

Una vez que el producto fue terminado realizaron una evaluación sensorial con niños, a los que se les dio a probar las gomitas y los resultados demostraron que el alimento tuvo muy buena aceptación, informó.

Addí Rhode Navarro Cruz, doctora en Nutrición por la Universidad Complutense de Madrid, aseguró que cien gramos de gomitas aporta 10 por ciento de fibra y una porción, aproximadamente de 20 gramos, sólo una décima parte de las calorías que contienen las gomitas comerciales, por lo que no se propicia el aumento de peso en los consumidores, debido a que están elaboradas con ingredientes naturales.

Chicharrón de soya

Otro alimento desarrollado por el grupo de investigación es un chicharrón de soya, que a diferencia de los existentes no contiene harina de cereal y fue elaborado con una enzima llamada transglutaminasa, para obtener una estructura continua en el alimento.

“De una porción de 40 gramos de nuestro producto se obtiene una cantidad de 164.9 kilocalorías, en comparación de las 196.5 kilocalorías que contiene el chicarrón comercial. De igual forma, el comestible que hicimos proporciona un total de 45 por ciento de proteínas, mientras que otros chicharrones sólo tienen 9. Así se asegura que los consumidores ingieran una mayor cantidad de proteínas que beneficien a su organismo”, refirió.

“Nuestra mezcla absorbe la mitad de la grasa durante el proceso de fritura, que las elaboradas con harina de cereal, y tiene un aporte del 20 por ciento de fibra dietética, una particularidad que no se obtiene con el chicharrón comercial”, agregó.

Al igual que las gomitas de verduras, el chicharrón tuvo una muy buena aceptación por parte de las personas que lo probaron, quienes mostraron que el sabor y consistencia fueron de su agrado.

Por otro lado, la investigadora informó que además de las dos investigaciones mencionadas, trabajan en una línea de confituras saludables de diferentes sabores como piña, chía, té de menta, manzanilla y hierbabuena, de las cuales continúan realizando pruebas para mejorar su consistencia.

Finalmente, la doctora Addí Rhode aseveró que es necesario que se desarrolle un mayor número de investigaciones enfocadas a la creación de alimentos funcionales, que tengan efectos positivos en la salud de las personas, para lograr disminuir los niveles de obesidad y las diversas enfermedades que se generan a partir de ésta.

El Cuerpo Académico de Bioquímica de Alimentos, de la FCQ, está integrado por los investigadores Raúl Ávila Sosa Sánchez, Obdulia Vera López, Martín Lazcano Hernández y Carlos Ochoa Velasco. En la citada investigación también colaboran el químico farmacobiólogo Julio César Pérez Pérez y la doctora Teresa Soledad Cid Pérez.