La renuncia de Benedicto XVI como máxima autoridad de la Iglesia Católica se acerca. El hecho es calificado histórico pues solo Celestino V renunció también al puesto en 1294.  La capital de la religión Católica está lista.  Cientos de turistas llegan al Vaticano en Roma, Italia  para despedir a Joseph Ratzinger el polémico sucesor de Juan Pablo II.

Todo en la ciudad del Vaticano recuerda que el Papa se va, las calles, los parques y  comercios y en la publicidad  los miles de panfletos  con la foto  del Sumo Pontífice y un letrero en italiano con la palabra “grazie” como un detalle de –agradecimiento-  a los miles de seguidores que aún con todo tiene la figura papal.

Mientras tanto  ya son más de 600 periodistas de todo el mundo los que  se encuentran acreditados en el corazón de la ciudad para tan esperado evento.  El Vaticano  está lista con más de 2000 agentes policiacos, 118 ambulancias y alrededor de unos 300 voluntarios de protección civil quienes serán los encargados de velar por la seguridad de aquellos que  logren reunirse para presenciar el hecho.

El último acto del  Papa alemán será una -audiencia general-  que durará menos de lo normal.  Un suceso  que pareciera simple pero quedará guardado en la caja de recuerdos de los más de 1200 millones de creyentes en la religión Católica que se expanden entre los cinco continentes que conforman nuestro mundo.

El cónclave que viene es también histórico pues además del tiempo que ha transcurrido para que la máxima autoridad de la  Iglesia Católica renuncie, Joseph Ratzinger  sigue con vida. Para el cual se estiman 115 cardenales. En medio de todo esto: Existe la posibilidad de que dos de ellos se puedan retirar por motivos de salud.

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El Papa se irá, pero conservará el título de “emérito” término que significa –se retira- pero se le reconocen los méritos que hizo por la institución que está por abandonar. También Ratzinger podrá conservar una sotana blanca sencilla y los zapatos rojos que también usaba su antecesor pero éstos – no son exactamente los mismos-  los de Joseph  Ratzinger son color  guinda y  fueron fabricados  en Guanajuato,  México. Un regalo inolvidable para él en su visita a nuestra tierra.

Con información de medios internacionales