Por: Laura Raquel López y Luis Antonio Dinorín

Fue un viernes de Semana Santa entre las 7:45 y las 8:00 de la mañana cuando en  la Calle 54 Sur de Mérida Yucatán se estrella la nave en la que Viajaba el copiloto  Pedro Infante Cruz  junto a Víctor Manuel Vidal (piloto) y el mecánico Mariano Bautista. Todos a bordo   de la aeronave matrícula  XA-KUN de la compañía TAMSA.

La voz que corre por todas partes: ¡Pedro Infante ha muerto¡ La noticia que estremeció al país entero  desde las primeras horas de esa mañana. “Tengo que estar muy almeja, muy vivo, porque si no podría darme tremendo guayabazo y  ¡Válgame la Virgen ¡ ni Dios lo permita!  – había dicho de viva voz a los mecánicos antes de despegar.  Muere la estrella del Cine Nacional y nace el mito, la leyenda.

Hoy a 56 años de distancia de aquél accidente. De entre todos destacó entonces: Que el  máximo intérprete de la música vernácula había quedado desfigurado del rostro y ya no quiso volver a la farándula. Así como el de la suplantación  de José Antonio Hurtado Borjón, quien por su gran parecido vocal,  aseguro ser Pedro Infante y hasta se animó  cobrar 10 mil dólares por una presentación.

En aquél tiempo ninguna muerte fue tan impactante, ni la de Blanca Estela Pavón (1949) y Jorge Negrete  (1953), ni si quiera la partida de Amado Nervo en 1917  habían reunido la impresionante cantidad de gente que quería despedir a la estrella. Entre los compañeros y amigos asistentes al sepelio estaban los famosos hermanos Soler y Cantínflas; mas una veintena de miles de personas que querían acompañar a Pedro a su última morada que yacería  por siempre en el Panteón Jardín de la Ciudad de México.

En su haber “Pedrito” -como cariñosamente lo llamaban las abuelitas-  realizó unas 63 películas. Desde “En un burro, tres baturros” en 1939,  donde participó como extra, hasta su papel protagónico  en Tizóc  en 1956 al lado de la también diva del Cine de entonces María Félix. Que lo hiciera ganador del Globo de Oro en el Festival de Berlín como mejor película extranjera. Además de  300 canciones grabadas por lo que Miguel Acéves Mejía lo apodó “El oreja de Oro” por su capacidad de memoria para aprendérselas pronto.

La mañana del 15 de Abril de 1957 se fue Pedro Infante el amigo sincero, franco, el pariente, el amante; y   siempre dispuesto al saludo. Dejando no sólo a su familia desamparada, sino a un Pueblo. Pero vive por siempre en sus películas. Audaz, atractivo y con múltiples dones  que  lo impregnaron por siempre como el mejor actor y cantante en la historia del Cine Mexicano. En la actualidad quizás el libro “Las Leyendas del Querer” bajo el sello de Editorial Aguilar del escritor   Carlos Monsiváis editado en 2007  es el documento más acertado para conocer a fondo la vida de Infante.

Con información del libro “Las Leyendas del Querer” de Carlos Monsiváis Ed. Aguilar